La lacra del racismo

Por: Jonh Jak Becerra Palacios

 La lacra del racismo antinegro

El racismo antinegro es una lacra profundamente enraizada, una fuerza que asfixia el alma y destruye vidas de personas negras /afrodescendientes de formas silenciosas, pero implacables. Cuando pienso en la situación de mi hija —quien recientemente alcanzó la mayoría de edad y está buscando empleo en Bogotá— me veo obligado a reflexionar sobre cómo el racismo no solo afecta a un individuo, sino que extiende sus sombras sobre sus seres queridos. Mi hija, estudiante de tercer semestre de Ingeniería de Sistemas, incluyó mi nombre como referencia familiar en su hoja de vida, algo que en teoría no debería afectar su empleabilidad. Sin embargo, mi madre, observadora y quizás más realista que yo, me planteó una duda inquietante:

—¿No será que la están relacionando contigo por tu historia de haber demandado a esa empresa?

Esta pregunta, aunque dolorosa, tiene mucho sentido. Desde 2017, el sector privado me ha cerrado las puertas. Todo comenzó en 2013, cuando decidí acudir a la justicia y denunciar el racismo y el hostigamiento racial que sufrí, amparado en la Ley 1482 de 2009. El litigio duró cinco años, y con el apoyo de Dejusticia, en su momento logramos un fallo. Sin embargo, quedé con una especie de “daño en acción”; en otras palabras, quedé vetado permanentemente. Mi último empleo fue en octubre de 2017. En ese entonces, me opuse a un caso de corrupción relacionado con el hurto de ACPM, y el ingeniero residente de la obra, al enterarse de mi historial —que ya había sido publicado en la prensa— aprovechó esto para despedirme. Mi contrato, como mano de obra temporal, facilitaba esa decisión.

Sí, fui empleado de una importante constructora en la que se me pidió colaborar en el robo de combustible. Al negarme, no solo defendí mi ética, sino también mi dignidad como hombre negro, consciente de que, en caso de descubrirse el hurto, yo sería el primer señalado y juzgado, simplemente por mi color de piel. En lugar de aceptar el sistema corrupto, elegí el camino de la honestidad, pero eso tuvo un precio muy alto: fui despedido sin explicaciones claras y, en poco tiempo, me convertí en una figura vetada en el sector.

Es innegable que, en nuestra sociedad, la piel negra o ser una persona negra sigue siendo motivo de sospecha, excusa para el racismo antinegro y, a menudo, una condena implícita. A las personas negras se nos juzga no por nuestras acciones, sino por un prejuicio racista que nos etiqueta y limita. Mi caso no es único, ni el de mi hija. Hay miles de personas afrodescendientes en América Latina que enfrentan diariamente la misma exclusión, el mismo silenciamiento y la misma falta de oportunidades. Y es esta indiferencia de la sociedad —especialmente de quienes piensan que «eso ya no pasa» o que «son exageraciones»— lo que perpetúa el racismo, lo normaliza y lo camufla bajo un manto de aparente indiferencia o escepticismo.

Pero esta situación debe terminar. Porque yo, como hombre afrodescendiente, como padre, como persona con dignidad y derechos, no puedo permitir que el futuro de mi hija quede limitado por la sombra de prejuicios raciales que nunca debieron existir. El racismo antinegro es una lacra, una enfermedad que se infiltra en cada aspecto de la vida de quienes nos parecemos a mí. Y cada vez que alguien niega su existencia o se muestra indiferente, ese racismo se fortalece y continúa asfixiándonos lenta y cruelmente.

Es momento de que, como sociedad, reconozcamos este problema y lo enfrentemos con valentía y justicia. La exclusión, la estigmatización y el silencio son armas de un sistema racista que necesita ser desmantelado. Es responsabilidad de todos —no solo de quienes lo padecemos— alzar la voz. Yo seguiré adelante, defendiendo mi integridad y la de mi hija, para que un día podamos vivir en una sociedad que valore a las personas por su carácter y capacidades, no por el color de su piel.

Comentarios

  1. Es bastante frustrante ver cómo una lucha contra un mal tan arraigado como lo es el racismo en nuestra sociedad, termina "afectando" a nuestros seres queridos, pues lo que se esperaría de dicha lucha es, que se tome conciencia sobre el mal que se les está haciendo al otro, pero por el contrario, lo que hace es afectar a quien más queremos. Espero que la hija de Jhon, pueda pelar sus propias batallas pero con la condición, de que no se le achante, el peso de la lucha de su padre. Que pueda ella misma descubrir eso que esta sociedad tanto niega sin semejante desventaja, más lo ideal es que, no tenga que pasar por el infierno que le ha tocado vivir a su padre, y todo por el simple hecho, de levantar su voz en contra del racismo.

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